Lavar los platos es una ciencia. Optimizá tu rutina diaria para cuidar el planeta y tus manos.
Lavar la vajilla es una de las tareas más repetitivas del hogar, pero realizarla de forma ineficiente puede desperdiciar hasta 50 litros de agua por sesión. El lavado eficiente comienza con el raspado. No uses agua para quitar los restos de comida; usá una espátula de goma o una servilleta usada. Este simple paso evita que el agua del lavado se ensucie prematuramente y previene taponamientos en las cañerías.
El orden de los factores sí altera el producto:
- Cristalería: Copas y vasos primero (es el agua más limpia).
- Cubiertos: Cuchillos, tenedores y cucharas.
- Platos y fuentes: Los elementos de uso diario.
- Ollas y sartenes: Siempre al final, ya que contienen la mayor cantidad de grasa.
El mito de la espuma: Mucha gente cree que si no hay mucha espuma, el detergente no está funcionando. La realidad es que la espuma excesiva es a menudo un agregado estético de los fabricantes. Los detergentes modernos de alta calidad, como los que ofrecemos en Comercio en Movimiento, funcionan por la acción de tensioactivos que rompen la tensión superficial de la grasa. Usar la cantidad justa (el tamaño de una moneda de 10 centavos suele bastar para una carga completa) facilita el enjuague y ahorra muchísima agua.
Para proteger tus manos, el uso de guantes de látex o nitrilo es fundamental. Los detergentes están diseñados para eliminar grasas, y la piel de tus manos tiene aceites naturales protectores que se barren con el lavado constante, provocando sequedad y dermatitis.





